La Crónica de Benavente

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lunes, junio 22, 2009

Por la Ribeira Sacra (1)

SAN ESTEBAN DE RIBAS DE SIL
Día de Todos los Santos, 2007
Por José I. Martín Benito

Han venido los viajeros a Galicia en busca de monasterios entre Lugo y Orense. A mediodía están pasando el Limia. No les preocupa si olvidarán algo cuando estén en la otra orilla. Antes bien, aguardan ansiosos lo que encontrarán al otro lado, más allá de la ciudad de las Burgas.
Han venido hasta aquí seducidos por lo que les han contado a cerca de la Ribera sacra, del Sil encajonado y –ya se dijo- de los monasterios perdidos en las fragosas espesuras.
En San Estaban descubrirán la acomodada quietud de tres recintos claustrales. Ha mucho que los monjes partieron y ahora su lugar lo ocupan gentes que vienen y van y que cabalgan a lomos de motorizados vehículos; eso sí, por carreteras empinadas, estrechas y tortuosas.
Si la clerecía partió, la naturaleza permanece. Roquedales graníticos esculpen formas caprichosas en las cercanías de las mamoas de As Cabanas, en Luintra, como esfinges pétreas dispuestas a custodiar las viejas estructuras megalíticas.
Es día de Todos los Santos y en las cercanías de los cementerios huele a crisantemos. Los viajeros recordarán también otro primero de noviembre, por tierras de la Raya, desde Sabugal a Sortelha y de Idanha a Monsanto, acompañados por la “estrela brilante” de Dulce Pontes.
Pero no han llegado hasta aquí para rendir culto a los difuntos que, por otra parte, no conocen. De eso se ocupan los nativos, algunos llegados desde Madrid y otros desde Santiago, que con sus vehículos casi taponan la subida hacia Luintra desde Nogueira de Ramuín. Los viajeros han venido para comulgar del matrimonio del río con la roca y los cenobios.
Encontrarán esa huella en la iglesia rupestre de San Pedro, con una españada volada y una fuente que, aunque no sea parlante, dicen que tiene propiedades curativas. No podrán comprobarlo, pues lo que cura el agua de la milagrosa fuente son las verrugas y los viajeros, por gracia, no las tienen.
En San Pedro, las dependencias monásticas han sido transformadas recientemente en un moderno centro de interpretación de la sacra ribera. Con ayuda de las nuevas tecnologías se recrean los cuentos al amor de la lumbre, las costumbres y los viejos oficios. El ayer y el hoy se dan la mano en la tierra de los afiladores y de los cordeleros.
No es esta todavía tierra de arribada. Pero tarde o temprano lo será. Los turistas llegan aquí a cuentagotas; lo proclaman los escasos negocios abiertos y la ruina de Niñodaguía, donde otrora los alfares y hornos amasaron y cocieron el barro de la tierra. Ahora se necesitan también manos, pero para levantar los muros derruidos y poblar las casas abandonadas.
Mientras las grandes urbes fagocitan el mundo rural, el Sil mansamente busca el Miño para llevar el lamento de la Ribera hacia el Océano.

Fotos: Cruceiro de Ribas de Sil; iglesia de San Pedro de Roca.
(Continuará: Laudas, viñedos y castaños).

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