La Crónica de Benavente

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Nombre: La Crónica de Benavente y los Valles

lunes, octubre 26, 2009

Crónica de Barataria (5)

TRES ERAN TRES O EL CISMA DE LOS HACENDADOS
Fray Junípero Pimentel

Barataria, como en Aviñón, también tiene su particular cisma. La ciudad francesa pasó a definir el Cisma de Occidente, cuando la autoridad pontificia llegó a ser disputada por varios Papas entre los años 1378–1417. Hasta tres pontífices llegaron a reclamar el solio de San Pedro al mismo tiempo.
Aunque Barataria no es Aviñón, ni está cerca de la Costa Azul francesa, por aquí corren también cumbres borrascosas. Andan los hacendados disputándose la dirección de la organización empresarial baratárica y ya ha estallado el cisma. A los derechos que aboga el presuntamente electo, un "hombre nuevo" (New Man, en inglés) que reclama para sí la supuesta legitimidad de la votación nocturna, hay que añadir también el derecho hereditario del que, también presuntamente, recibió el testigo del relevo tras la supuesta dimisión del primer espada. Pero, miren vuesas mercedes por dónde, que ahora éste, el primer espada, alega que nunca renunció, que no existe carta ni papiro alguno donde conste el día, la hora y la signatura de tal hecho y que, por tanto, él sigue siendo el legítimo y genuino primer caballero.
A los hacendados locales les va, por tanto, el número tres. Y es que este, de no desvelarse pronto, puede resultar un misterio tan complejo como el de la Santísima Trinidad. Ya lo decía aquella serie televisiva dirigida por Jesús Yagüe, bajo la dirección de Jaime de Armiñán: “Tres eran tres, las hijas de Elena/ Tres eran tres y ninguna era buena/ Rubia, castaña y morena”. Este fraile no sabe si estos “tres tenores” serán buenos o no, pero lo cierto es que la ocasión se ha enredado tanto como el trabalenguas de los “tres tristes tigres”.
A los hacendados locales les ha salido un Can Cerbero, el perro de Hades, un monstruo de tres cabezas que guardaba las puertas del Averno.
Quizás en Barataria estén esperando que llegue el Hércules de turno y decida capturar al guardián de triple testa. Mientras esto llega, habrá que esperar. Y si la espera resulta larga, siempre podremos cantar como Patxi Andion: “Una, dos y tres; una, dos y tres, lo que usted no quiera, para el rastro es”.
Ilustración: Cerbero, acuarela de William Blake.

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jueves, octubre 15, 2009

Crónica de Barataria (4)

DE CONTENEDORES Y "AMIGUITOS DEL ALMA"
Por Fray Junípero Pimentel

Hemos sabido que mientras crece la población de avutardas en la estepa, en Barataria están las chapuzas como el pan nuestro de cada día. De ellas, liberanos domini.
Viene esto al caso, porque habiendo salido del monasterio para dar una vuelta por el antiguo Ferial, me tropiezo y casi me doy de bruces contra el suelo, por culpa de unas obras que allí se estaban realizando. Indagando, he venido a saber que el consistorio ha vaciado parte de la calzada, para después volverla a cubrir. El resultado, varios hoyos abiertos y vueltos a tapar en menos que cantan una docena de gallos.
Al parecer, la causa está en unas obras de soterramiento de contenedores. Pero mira tú por donde, los operarios comenzaron la faena sin brújula ni planos y ¡claro!, así no hay mortal que pueda llevar a feliz término una obra, por pequeña que esta sea, si encima aparecen a salir cables, tuberías, desagües y elementos mil que hay bajo la tierra.
Ya sabemos que el Guadiana aparece y desaparece en Villarrubia de los Ojos, pero sabemos que cuando aún no se le ve, el río sigue ahí. De la misma manera, los responsables municipales deberían haber sabido que cuando se comienza una obra que afecta al subsuelo, pueden encontrarse con lo que está debajo.
Las obras de los contenedores del Ferial suena a monumental chapuza y a descoordinación entre los regidores; una más a las que últimamente nos tienen acostumbrados desde el Consistorio baratárico.

* * *
Mientras en Valencia están mirando la luna, con o sin bigotes de por medio, el cronista se pregunta si aquí, en Barataria, habrá también o habrá habido amiguitos del alma. Y es que el cariño puede ser tan fuerte que se puede "querer un guevo". La amistad, amasada a golpe de los años, puede llegar a establecer unos vínculos tan enmarañados que hasta más de uno se dejaría cortar el cuello antes que traicionar a los suyos. No siempre ocurre así y, a veces, cuando una de las partes amenaza con poner fin a la relación por la vía de la tragedia, hay cierta resistencia por parte de la víctima.
De momento, al único que le han “cortado la cabeza” ha sido a Ricardo Costa, que ha aparecido en toda la historia de la “Gürtel” valenciana como el “cabeza de turco”. Se resistió Costa, sí, pero sólo fue un amago, pues finalmente desde el gofo de Génova se ordenó el cortafuegos, que acató Valencia.
Uno cree que esto no es más que un punto y seguido y que el Levante le va a levantar más de un “dolor de cabeza” al galaico Rajoy. De momento, ya sopla también la tramuntana desde Baleares.

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viernes, octubre 09, 2009

Crónica de Barataria (3)

DE CUELLOS CORTADOS Y HUERTOS SOLARES
Por Fray Junípero Pimentel

Uno creía que Barataria no era tierra de mártires. Pero ya hemos visto que hay quien está dispuesto a autoinmolarse, convertirse en un nuevo Bautista y ofrecer su propia cabeza en bandeja de plata antes que traicionar a sus compañeros de viaje. Quien esto dice, había afirmado la víspera que si él hablara tendría lugar un maremoto en el golfo de Génova y el temblor provocaría un tsunami de consecuencias imprevisibles. Pero luego, más reflexivo y mediando una noche de por medio, se conoce que un ángel del Señor le sumió en un profundo sueño y le hizo ver que navegar por las procelosas aguas de la delación, podría acarrearle algún naufragio. Así que refugiado en su fortaleza de Maqueronte, el cautivo decidió ser víctima en lugar de brazo ejecutor.
Reconoce el mártir que ha sido un peón de confianza para hacer candidaturas por la comarca, algo que todo el mundo sabía pero que nadie se atrevía a preguntar. Ha tenido que ser, por tanto, la voz de la conciencia la que, antes de entregarse a la espada del verdugo y a las exigencias de su particular Salomé, haya tenido que hacer la afirmación que sólo un moribundo haría en secreto de confesión.
Por un momento, corrió por el valle la frase que se encontraron los asesinos de Viriato cuando acudieron a buscar su recompensa: “Roma no paga a traidores”, lo que mutatis mutandis y en roman paladino significa que no se puede tirar de la manta, so pena de salir manteado.

* * *

Las lluvias caídas en los últimos días parece que la han preparado. En algunos pueblos de los valles de Barataria han sufrido los estragos en los pimientos. El sol se ha ocultado por unos días, tal vez presagiando que su cultivo en determinados huertos incomoda a más de uno.
Y es que la Justicia parece que quiere indagar el supuesto tráfico de influencias y negociaciones prohibidas a funcionarios en las concesiones administrativas de huertos de energía solar.
Como estamos en época de cambio climático, la oposición ha declarado que esto no es sino “la punta del iceberg” de la trama solar. Pero sabido es que los rayos solares –si inciden con fuerza- acaban por derretir el hielo. Habrá que recordar que no estamos en el Ártico, que si no el iceberg desprendido del casquete polar podría chocar con un trasatlántico y acabar con todo –barcos y hombres- en el fondo marino. Quiere decir el cronista que aquí, en Barataria y su provincia, puede pasar de todo: uno, que el bloque de hielo se derrita pronto y todo vuelva al Mar de la Tranquilidad o dos, que se lleve por delante al Titanic de turno.
Lo cierto es que no está el horno para bollos en la ínsula, entre Bautistas voluntarios, hacendados que se retan, icebergs a la deriva y la sombra alargada de “Correa y la extraña familia” que se extiende por el norte del país, pasa por el centro y llega hasta Levante.
Así pues, será mejor dejar la manta en paz y no tirar de ella, no siendo que debajo esté el propio Luis Candelas o nos la liemos al hombro y nos vayamos a Sierra Morena, trabuco en mano.

Foto: Salomé con la cabeza del Bautista, de Bernardino Luini (1480-1532). Iceberg. Bandolero.

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lunes, octubre 05, 2009

Crónica de Barataria (2)

DE HACENDADOS Y DEL VIAJE A LA CORTE
Por Fray Junípero Pimentel

Andan los hacendados locales en una guerra declarada por ver quien ocupará la dirección de la organización aquí en Barataria. Desde la capital se ha decidido que no es hora de mudanzas en tiempo de tribulaciones, esto es, mientras no se aclaren lo que han llamado “interferencias políticas”.
Por lo visto, según ha denunciado uno de los candidatos, varios alcaldes utilizaban su cargo para pedir apoyos a empresarios de la comarca: «Iban negocio por negocio pidiendo la firma y les decían que era bueno para el partido», ha dicho una de las partes.
El cronista no acierta muy bien a comprender el papel de los alcaldes metidos a agentes empresariales, si bien no puede por menos de recordar el capítulo 27 del libro II del Quijote: “La aventura del rebuzno”, cuando poco antes de entrar en Zaragoza, el caballero manchego se encontró con un escuadrón que en el estandarte llevaba pintado un asno con los siguientes versos:

“No rebuznaron en balde
el uno y el otro alcalde”.

Por eso no acierta muy bien el cronista a entender qué demonios pintan en estas cuitas los regidores recaudando firmas por los valles de la extensa Barataria -que para conseguir voluntades basta con Blimunda y Baltasar Sietesoles, los personajes de Saramago en El Memorial del Convento-. Ser un alcalde reconvertido a agente electoral, tiene sus riesgos, pues como dijo Sancho: “tan a pique está de rebuznar un alcalde como un regidor”.
Rebuznos e injerencias políticas al margen, los hacendados tendrán que resolver sus diferencias buscando lo mejor para Barataria y no tanto para el partido; que aquí no acierta el cronista a descifrar a qué partido se refiere, si a uno judicial o a otro de competición deportiva.
Así que tengan buena paz los recaudadores de firmas y serénense los ánimos, que no por eso van a tirarse los hacendados al monte ni a liarse a garrotazos.
* * *
El que quiere tirarse, no sé si al monte pero sí en brazos de la Corte, es el presidente de la Diputación, que ha anunciado la celebración del día de la provincia precisamente en la capital del Reino.
Sorprendido se queda el cronista, y aún todo el capítulo de este venereble monasterio, ante tamaña ocurrencia, entendiendo que el demasiado calor que estamos sufriendo haya podido hacer mella en la mollera del prócer provincial.
Justifica el ilustre su decisión argumentando que en la Corte hay muchos hijos de la diáspora. Ya sabemos que en el terruño vamos quedando menos, pero de aquí a exaltar el éxodo celebrando en otra provincia –por muy cortesana que sea- el día de la nuestra media un abismo. Diríase que el prócer está haciendo apología de la emigración, invitando a salir –aunque sólo sea por un día- camino de la Corte. De paso, si alguno le gusta, ya se puede quedar allí.
No debe haber reparado el padre de la criatura –al fin y al cabo la idea no deja de ser una criatura recién nacida- en los gastos que ocasionarán a las arcas de todos los municipios de la provincia el desplazamiento de alcaldes y concejales a la capital del Reino.
No debe haber reparado tampoco en que pueda cundir el ejemplo y lo mismo que este año se va al Manzanares, el próximo se puede ir al Pisuerga y el otro a la Ciudad Condal, para redimir a los que tomaron el camino de la diáspora. Como siga así, algunos van a tomar el camino del exilio, con tal de no aguantar más las ocurrencias del prócer, que lo mismo ve una autovía donde sólo hay una carretera llena de baches y socavones o quiere hacer un campo de golf en la capital, en lugar de asegurar el abastecimiento de agua a las sedientas poblaciones del medio rural.
Mientras sigue sonando la gaita, a este monasterio han llegado noticias procedentes de Calasparra y Mazarrón, en el reino de Murcia y otras venidas de Sestao, donde moran también un buen número de provincianos emigrantes que, enterados de la brillante idea del presidente de la Diputación, se han puesto ya a la cola y ofrecen su ciudad para ser sede de la próxima Olimpíada, quiero decir del próximo día de la Provincia. De ahí, a cruzar el charco y presentarse un buen día en la Argentina o en Cuba, sólo va un paso. Al tiempo.

Ilustraciones: Riña a garrotazos, de Francisco de Goya (1746-1828); La aventura del Rebuzno, de Fernando Selma (1752-1808). Diáspora.

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lunes, septiembre 28, 2009

Recuerdos infantiles

EL TORAL DEL "CHERI BOMBA" *
Por J. I. Martín Benito

Guardo pocos juguetes de mi infancia. Entonces los regalos de Reyes duraban todo el año. A veces, ni eso, sobre todo si era mazapán lo que solían dejar en casa de la abuela. Recuerdo que mi hermano Juan Carlos, al ser más pequeño, disfrutó de más juguetes que yo, pero también los fundía antes.
Los que más me gustaban eran “los indios”. Aquellas figuras de plástico que se compraban en el quiosco por poco más de una peseta. Luego subieron a 3, después a 5. Eran minúsculas figuras de no más de seis o siete centímetros, con las que los niños nos entreteníamos. Las había también mayores que, por su precio, escaseaban.
Mi primo y yo teníamos varias, que juntábamos en una caja en el desván. A veces le pedíamos a nuestro amigo Andrés que sacara el fuerte: un complejo de madera que era la admiración –no sé si la envidia- de todos los muchachos. Y allí en su puerta, o en las vecinas “lanchas” del señor Luciano, desplegábamos los ejércitos de indios y vaqueros.
Andrés tenía también algunas figuras de mayor tamaño que le habían regalado sus tíos. También mi primo Luís Mari disponía de un jefe indio de gran plumaje y rifle en la mano.
Pero la admiración de todos era el “Cheri Bomba”. Y ese era mío. Un año me lo trajeron los Reyes y fue la admiración de todos mis amigos.
-Andrés, saca el fuerte- le decíamos.
- Vale, pero tu traes “el Cheri Bomba”.
Y yo iba a casa a buscar al vaquero. Le llamábamos así, “Cheri” (entonces ninguno de nosotros sabía inglés), porque tenía unas estrellas en los pantalones. El personaje iba bien armado: dos cananas a la cintura con sendas pistolas, rifle en la mano izquierda y un cartucho de dinamita –la bomba- en la derecha, a punto de ser arrojado. Recuerdo que también tuve otra figura de estas, de las grandes; era “El Peladilla”, un indio con la cabeza afeitada y de duras facciones, que un día me regaló mi prima Fe. No sé que fue del “Peladilla”. El “Cheri Bomba” lo conservo. Un día lo reencontré en casa, en Ciudad Rodrigo, y lo traje para Benavente. Aquí lo tengo, en un estante de mi librería.
Cuando miro al “Cheri Bomba”, me acuerdo de Andrés, de Manolete, de Javi y de mi primo Luís Mari; me acuerdo también de los hermanos Casimiro y Pedrito Ratero Mateos (que luego fue ciclista), de las redes, barbos y bogas del señor Ángel, el pescador y de aquella infancia en el Arrabal del Puente; y de “La Encañería”, la fuente en la que más de uno se cayó al intentar beber agua.

“El pelón de la alegría
se cayó en la encañería
por coger un caramelo
de los mas gordos que había”.

Esto cantábamos, haciendo burla del que, para desgracia suya y algazara nuestra, se había dado el chapuzón. Yo nunca me caí. Era demasiado prudente, por no decir que, lanzarse desde el brocal al pilar central, me imponía más que respeto–lo confieso. Sólo cuando tuve ocho o nueve años comencé a lanzarme con cierta seguridad . En ocasiones algún espabilado vaciaba la fuente, quitando el tapón inferior. Entonces el agua fluía y los chavales –alborozados- colaborábamos en equipo, amontonando tierra para hacer una cadena de efímeras presas que trataban de detener la furia del provisional torrente, pero que pronto se desbordaban o rompían.
Eran tiempos donde todo giraba en torno al Toral, la gran plaza del Arrabal del Puente, junto a las viejas escuelas; El Toral servía lo mismo de campo de fútbol -aprovechando un negrillo como poste de una de las porterías-, que para jugar al “hinque”, al “burro”, al "guá" o a “los toreros” (llamábamos así a las recortes de las cajas de cerillas, que coleccionábamos en cajas de galletas y nos los jugábamos a las “piezas” o al “pelín”). Allí, en El Toral, estaba la fragua de Paco, el carretero, el padre de mi amigo Andrés, al que un mal día la traidora parca le paró el corazón. El Toral era también el escenario de la hoguera de San Antón, que precedía a los ricos “panecitos” del 17 de enero y a los lotes del aguinaldo colgados en la pared de la iglesia de Santa Marina.
Jugando a los “toreros” en El Toral. 1970.

¡El Toral! improvisado anfiteatro, donde los aprendices de gladiadores o de Robin Hood nos batíamos con las espadas de madera que nos hacía Queru, el tío de Andrés, en su carpintería próxima al regato. El Toral, donde una vez un inmenso toro negro se le escapó a los Malmierca y se adueñó de la plaza, mientras, entre los gritos de las mujeres, los muchachos más ágiles subían a las tapias del matadero y el que menos -yo- se escondía, temblando en un rincón del corral de Nava por temer la llegada de la bestia.
Todo aquello sucedió en un tiempo en el que los Reyes Magos no venían ni en tractores ni mucho menos en modernas carrozas precedidas por cortejos de oropel; pero venían, y eso era lo importante. El año del “Cheri Bomba”, los mágicos personajes debieron entrar en mi casa , como lo habían hecho otras veces, trepando por el balcón que daba al Toral, pues mi padre, a pesar del frío, dejaba entreabiertas las puertas antes que nos durmiéramos.

Escuelas del Puente, junto al Toral. 1970.

Ahora que escribo estas líneas, me acuerdo también de mi maestra, doña Joaquina, encaramada sobre la tarima de madera de la vieja escuela, enseñándonos canciones y la tabla de multiplicar; me acuerdo ¡cómo no! de la leche en polvo que nos daban en el recreo y para la que hacíamos cola; recuerdo salir, al caer la tarde, a esperar a mi abuelo, que venía de La Encina hasta Ciudad Rodrigo las vísperas de las Ferias a lomos del burro “Pardo”. A mi memoria vienen también las casetas que hacíamos el día del Corpus, una vez pasada la procesión, con las ramas de los árboles que engalanaban las paredes de las calles. Y recuerdo también, ¡cómo olvidarlo!, el ruido de las carracas en Semana Santa, el “Monumento” y la salida el Domingo de Ramos de “La Borriquilla” (que esa era nuestra) camino de la Ciudad.
La memoria me trae una mezcla de imágenes y sonidos: las crecidas del Águeda y el refugio nocturno en Las Tenerías, cruzando el puente de piedra para ponernos a buen recaudo; la música de los titiriteros y el bailar de la mona; el repique en los días de fiesta; la subida al campanario en las tinieblas del invierno por aquella crujiente escalera de madera, temblando los monaguillos ante la hipotética aparición de un fantasma. Pero lo que me estremece todavía es el recuerdo del doblar de las campanas que anunciaron aquel domingo muy de mañana la muerte de Alejandrito, a quien el juego del carburo se lo llevó.
Y todo eso me trae a la memoria este vaquero que me acompaña desde mi niñez, este “Cheri Bomba”, osado e intrépido, testigo mudo del paso del tiempo y de una infancia irrepetible.
* Una primera versión del "Cheri Bomba" la publicamos en este blog el 3 de marzo de 2006. Hoy la hemos ampliado.

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sábado, septiembre 26, 2009

Crónica de Barataria (1)

LA LEONA HERIDA
Por Fray Junípero Pimentel

Lo ocurrido la noche del jueves en el pleno de Barataria puso de relieve la complicidad del primer regidor con una rugiente y feroz concejala, que herida en su orgullo, arremetió sin piedad y con varias pausas para tomar aliento, contra un edil de la oposición que había osado –¡oh dolor!- pedir su dimisión.
Como en el relieve asirio del palacio de Asurbanipal de Nínive, la protagonista de la velada nocturna lanzaba sus desgarradores gritos, en forma de insulto, ante la atónita mirada de los presentes. En un abrir y cerrar de hojas, recurriendo al gran libro de la memoria, el torbellino echó mano de Mendizábal y Madoz, para saltar en una cabriola cronológica hasta Pepe Stalin y concluir –aquí dejó constancia de su ilimitada sabiduría- que “hay dictaduras tanto de derechas como de izquierdas”. Seguro que le aguarda la Academia.
Como por arte de magia, pasó de las llaves a la carpa, eso sí, repartiendo arañazos por doquier. Antes de proclamar en su largo soliloquio que el edil de marras no tenía dignidad *, hizo un alto en el camino, para encontrar el hilo argumental en el folio que sentenciaba al ostracismo y a la vergüenza al rival político. Por un momento, el iracundo fantasma de Medusa recorrió el caluroso salón de plenos. Fulminados por la mirada penetrante y el fuego verbal cayeron los ediles de la oposición que, asustados, abandonaron la sala. Como si se tratara de la primera bestia apocalíptica (Ap. 13, 5), parecían escucharse "palabras arrogantes y blasfemas" en el templo plenario de tan democrática corporación. Pero no hubo Perseo ni héroe alguno que hiciera frente al aullido de la fiera, que en insolente discurso, iba tomando aliento y descanso para seguir embistiendo.
Hubo quien pensó si no había retornado la Quimera. Como es sabido, era este un terrible monstruo con forma de león y cola de serpiente, que arrojaba fuego por la boca; la fiera asolaba los fértiles campos y devoraba personas y animales. Pero esa noche, allí, en el salón de plenos de Barataria tampoco estaba Belerofonte.
Fue así, por espacio de diez minutos, cuando se fue abriendo paso la España inferior de Machado “que ora y embiste, cuando se digna usar de la cabeza”.
Hubo momentos en la sesión plenaria que también se abrió paso la “España inferior que ora y bosteza”, cuando los asistentes se creyeron transportados a una homilía protagonizada por el primer regidor, que dio las gracias a Dios y casi interpretó el bolero de “alma, corazón y vida” de Los Panchos. Pero este, en todo caso, fue un asunto menor que el del rugido moribundo de la leona acorralada y herida del Museo británico.
Temblaron los cimientos de la improvisada Casa Consistorial, al tiempo que la noche se cerraba y llegaban las tinieblas. El primer regidor, sentado en su poltrona, contemplaba complacido y hasta casi jaleaba a la fiera que se defendía a zarpazos contra aquellos que habían cuestionado su intromisión en un asunto tan delicado como la vida de uno de los barrios de Barataria.
Y echándose así misma un bálsamo de Fierabrás, lamiéndose sus heridas y cantando las bondades de su gestión, fueron abriéndose paso a paso la incontinencia verbal de una serie de exabruptos sin límite.

Mientras retumbaba el rugido atronador, hubo un momento en el que los oyentes quisieron descubrir el pincel de Francisco de Goya y el cartón de El Pelele encima de la cabeza del presidente de la sesión plenaria. Pero esto sólo fue una pasajera ilusión. Si hubiera que pintar la escena, tal vez habría que echar mano del celuloide y pensar en la actriz mejicana María Félix en su inolvidable papel de "Doña Bárbara". Pero películas al margen, casi prefiero trocar “la leona herida” del British Museum por la “Quimera de Arezzo” del arqueológico de Florencia. Al menos, el broncíneo icono causa más espanto.


Foto: Leona herida (Museo Británico). Medusa, de Caravaggio, Quimera de Arezzo (Museo arqueológico de Florencia). El Pelele, de Francisco de Goya (Museo del Prado).


* Todo ser humano tiene dignidad y valor inherentes, solo por su condición básica de ser humano. El valor de los seres humanos difiere del que poseen los objetos que usamos. Las cosas tienen un valor de intercambio. Son reemplazables. Los seres humanos, en cambio, tienen valor ilimitado puesto que, como sujetos dotados de identidad y capaces de elegir, son únicos e irreemplazables.

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viernes, julio 31, 2009

Por la Ribera Sacra (y 4)

MERCADO EN CASTRO CALDELAS
Por José I. Martín Benito

En Castro Caldelas es día de mercado. Los viajeros se lo encontrarán antes de iniciar la subida al castillo. La compraventa está animada por la música de un puesto callejero, que tan pronto se arranca por pasodobles de la España cañí, como por sones de la tierra galega.
En su mayor parte, lo que se vende es ropa y calzado, pero no falta el clásico puesto que ofrece tijeras, navajas, cencerros, cestas, hoces, cribas… Las pulperas se distribuyen a lo largo del mercado, entre las humeantes perolas de cobre, al tiempo que los transeúntes dan buena cuenta de ello y del queixo de tetilla, uno de los más populares de Galicia.
Suben al castillo por la calle del Olvido, temerosos que a la vuelta no se acuerden de nada. En las inmediaciones de la fortaleza hay una catapulta y en la entrada, bajo una tau, emerge un icono conocido: dos lobos guardando la entrada. Pero estos cánidos son inofensivos, pues están petrificados en el emblema de los Osorio, marqueses de Astorga, a quienes perteneció la casa. Los Osorio fueron señores de Villalobos y adoptaron como sus armas los dos cánidos, que hoy pueden verse en el escudo de la villa terracampina. Como este linaje, también los Pimentel pretendieron y señorearon solares gallegos, que el apetito de poder era insaciable. Nobles galaicos y leoneses, afincados a un lado y al otro de La Canda, Manzanal o Foncebadón, que Galicia fue tierra de señoríos y de irmandades.
El recinto guarda un museo etnográfico y otro arqueológico en una sugerente ruta: la vía Nova entre Astorga y Braga, que corre las tierras de Valdeorras y Caldelas. En el patio hay un algibe, con gran boca circular enrejada, como un pozo que lleva a los abismos. Los viajeros se encaraman a lo alto de la torre del homenaje, que siempre han gustado de subir a las azoteas torreras, para desde allí divisar la población y las tierras circundantes.
La vuelta a Benavente será por Valdeorras, entre montañas del macizo galaico y los Montes de León. Pasan por el alto de Manzaneda poco antes de las cinco de la tarde, buscando tierras bercianas. Puente de Domingo Flórez, Ponferrada, Bembibre van quedando atrás. Sin detenerse, llegan a Astorga; no entrarán en la ciudad, sino que pararán en una de las áreas de servicio de la autovía. El sol se puso ya en Manzanal. Se hace de noche en el camino de regreso.

Foto: Mercado. Calle Olvido. Tau en la clave de la entrada al castillo.

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