La Crónica de Benavente

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jueves, febrero 23, 2006

Romper y fracturar (y II)

Sinónimos o antónimos
2. Fracturar
J. I. Martín Benito


Fracturar es quebrar, abrirse en dos. Se fracturan los imperios, las piernas y el cráneo. El accidente puede resultar irremediable, sobre todo si han pillado órganos vitales.
Los imperios los tienen. Odoacro y sus ostrogodos entraron en 476 en Roma y aquello fue el principio del fin de la quiebra. En verdad, la fractura del Imperio Romano había comenzado mucho antes, pero sus contemporáneos no fueron capaces de darse cuenta. A la postre Hispania siguió su derrotero, lo mismo que hicieron Britania, la Galia y la Mauritania Tingitana. El sueño de Trajano se fue a pique. Otro tanto pasó también con los imperio austro-húngaro y británico.
Miles de fracturas nos acosan a diario. Los medios informativos hablan a menudo del riesgo de fractura social o de fractura étnica. En Irak, desde que los "tres tenores" tomaron la decisión de invadir Mesopotamia, han pasado muchas cosas. Se fracturó el Museo Nacional y, con ello, se desperdigó el arca de una civilización. Y es que la fractura puede llevar, incluso, al enfrentamiento. Sunnitas y chiítas se acusan mutuamente, mientras el odio se apodera de la fértil Babilonia. En aquella tierra hace mucho tiempo que los jardines colgantes se marchitaron y que la flor dio paso al fusil. El sueño de Nabucodonosor también se esfumó.
Esto de partirse en dos no gusta a nadie. Un as del balompié se fractura el menisco o la tibia y los directivos comienzan a contar en euros el tiempo de la recuperación; sobre todo si a partir de la lesión, el equipo, solidariamente, también se resiente. De todos modos, la lesión del Ronaldo de turno no es comparable a la tragedia iraquí, aunque se hable tanto de una como de otra. La fractura del jugador soldará: es cuestión de tiempo. La otra no; las fracturas sociales, étnicas o religiosas, tardarán generaciones en hacerlo. El que no lo crea, puede preguntarlo en Bosnia.
Menos dañina es la fractura de la roca, estallada por el hielo que presiona en su interior. Múltiples pedazos rodarán después ladera abajo y, empujados por los torrentes, se convertirán en cantos, en gravas o en finísimas arenas.
Pero para que esas partículas lleguen a formar un delta, hace falta tiempo y el concurso del agua y de la sedimentación. La violencia se produce más arriba, en el curso alto del río. Allí chocan y se quiebran. También en las relaciones humanas y entre los propios pueblos, deberán pasar años, lustros y generaciones, para que las heridas abiertas por cualquier fractura individual o colectiva acaben perdiendo vigor y sedimentándose.

Foto: La acción del hielo resquebraja y fractura las rocas y Van Heemskerck: Jardines colgantes de Babilonia.

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